82. EDUCACIÓN Y AMARRES
—Pero se supone que ya no debemos preocuparnos por estas cosas —dice Alexander la tarde siguiente, cuando le muestro la lista.
— ¿Prefieres confiarte? Yo no me arriesgaré. No te pido que te encargues en persona, pero sí que estés al tanto de todo y entiendas por qué sucede cada cosa.
Alexander me observa con una mezcla de sorpresa y preocupación, y eso me complace. No quiero que pierda su sensibilidad, solo que sea consciente de lo que hay a su alrededor y que pocas cosas lo sorprendan. Más tard