El amanecer se filtraba por las cortinas cuando Eva abrió los ojos. Un dolor punzante le atravesaba las sienes, como si alguien hubiera estado excavando en su cerebro durante toda la noche. Se incorporó lentamente, notando que estaba en la habitación de Lucian, envuelta en sábanas de seda negra que olían a él. Intentó recordar cómo había llegado allí, pero su memoria era un laberinto de imágenes fragmentadas.
El tercer beso. La sensación de caer en un abismo. Y luego... nada.
—Por fin despierta