20-Un retrato especial...
El tercer día en el yate amaneció con un cielo limpio y una brisa suave. Nas empezaba a sentir que podía respirar sin ese peso constante en el pecho, como si el mar le hubiera robado parte del miedo que llevaba encima.
Dominik, en cambio, estaba más callado de lo habitual. Se mantenía revisando su teléfono, como si esperara un mensaje específico.
Al mediodía, el sonido de un motor interrumpió la calma. Desde la cubierta, Nas vio una lancha acercarse a toda velocidad. Teo estaba al mando, co