33-No puedo perderla.
La habitación estaba en penumbras. Nas continuaba de pie junto a la ventana, como si quisiera memorizar la ciudad desde allí arriba. Cada luz, cada calle, cada rincón, porque sabía que quizá sería la última vez que los viera desde ese lugar.
Detrás de ella, Dominik permanecía sentado en el borde de la cama, un cigarro encendido entre los dedos y la mirada fija en el suelo. No decía nada. El silencio pesaba, tenso, como si los dos estuvieran esperando a que el otro hablara primero.
Finalment