29-Celos...
La mañana siguiente amaneció distinta. Nas esperaba encontrar a Dominik con esa misma vulnerabilidad que le había mostrado la noche anterior, pero en su lugar lo halló en el comedor, impecablemente vestido, hojeando unos papeles, con la misma frialdad de siempre.
—Buenos días —dijo ella, con cautela.
Él levantó la vista apenas, asintiendo, y volvió a su lectura. Nada en su expresión mostraba rastro de la confesión que había hecho la noche anterior.
Durante el desayuno reinó un silencio te