16-Punto débil.
El silencio en el auto es tan espeso que parece sofocar. Nas mantiene las manos sobre el saco que él le colocó, aferrándose a la tela como si fuera un escudo invisible. Dominik conduce sin mirarla, con la mandíbula tensa y los nudillos pálidos sobre el volante.
Ella sabe que debería agradecerle… pero las palabras se atascan en su garganta. Él no es un hombre que busque agradecimientos, ni mucho menos disculpas. Sin embargo, la culpa le pesa como una cadena al cuello.
—Yo… —su voz suena frág