El entrenamiento no comenzó con palabras, sino con dolor.
Bajo las órdenes de Eric, Bella fue conducida a la "Cámara del Eco", una caverna natural situada en las raíces mismas del castillo donde la piedra parecía absorber cualquier rastro de luz. Allí, el aire era tan escaso que cada respiración se sentía como tragar arena, y el silencio era tan absoluto que Bella podía escuchar el roce de su propia sangre fluyendo por sus venas.
—Para dominar el vacío, primero debes convertirte en él —dijo la voz de Eric, resonando desde algún punto invisible de la negrura—. Los lobos dependen de sus sentidos: el oído, el olfato, la vista. Pero una Eclipsada no ve con los ojos, ve con la ausencia de luz.
De repente, un impacto violento en sus costillas lanzó a Bella contra la pared de piedra. No escuchó el movimiento, no olió el ataque. Eric se movía como un espectro.
—¡Levántate! —rugió él—. Si confías en tus sentidos humanos o en tu instinto de Omega, morirás antes de cruzar la frontera. Los Sin Ro