En el palacio Elizabeth estaba un poco aburrida de estar encerrada, se abrigó toda de pies a cabeza, doble calcetas, dos suéteres, un abrigo grueso, gorro, bufanda, orejeras afelpadas y guantes.
La doctora quería dar un paseo por los jardines, tomar un poco de aire y tratar de despejar un poco su mente, sabía que lo que sentía y lo que debía de ser no coincidían en nada, ella nunca podría aspirar a tener un lugar en la vida del rey que de pronto se había convertido en el padre de su futuro