Tú no serás la madre de mis cachorros.
La furiosa loba tenía sus uñas alargadas ya rasgando el escritorio, ella era arrogante, engreída, se le había dado todo en la vida, así que estaba acostumbrada a obtener lo que quería, pero está vez nada le estaba saliendo como lo había pensado.
— Ten cuidado con tu tono, no te olvides que estás ante tu rey, ese gran detalle no lo olvides nunca.
La frialdad con la que el rey le hablaba hizo que la loba retrajera sus uñas y que suavizara su tono de voz.
— Damiano, no me hagas esto, me es