Por unos momentos las penetrantes miradas se cruzaron, el ruso pudo ver qué no había una pizca de miedo en los ojos de su enemigo, que venía dispuesto a todo.
— Eres valiente Italiano, pero está ofensa no te la voy a dejar pasar, de aquí no vas a salir vivo, cometiste un grave error, esta carga no te la vas a llevar.
— Oh, por supuesto que sí me la llevaré, quizas te deje vivir para verlo, o quizás no, eso depende de mí buen humor, así que te lo diré por última vez, nadie roba a los Gamb