Una faraona muy estúpida.
La estúpida mujer no sabía que se había ido a meter justo a la cueva del lobo. Y el lobo ya estaba más enfurecido que nunca, con su penetrante y brillante mirada verde sobre ella.
— ¡No lo volveré a repetir, suelta a mi hijo o lo vas a lamentar! — La voz sobrenatural del segundo Alfa se escuchó.
El cachorrito seguía quejándose, lo que molestó a la mujer.
— ¡Cállate ya, cachorro llorón, pero que momento eres, además estás todo negro, que feo color!
Eso fué suficiente para que Emiliano se transformara ahí mismo, los huesos se escucharon crujir. La faraona se quedó perpleja por lo que veía y escuchaba, ese hombre se estaba convirtiendo en una gran bestia.
Resulta que el segundo Alfa no se había transformado en su lobo habitual, uno de pelaje negro y sedoso, de hermosos ojos verdes esmeralda. Ahora mismo estaba en su aterrador y salvaje lobo de guerra.
Erguido en dos patas, con un pelaje oscuro y áspero, afilados y enormes colmillos y garras. El Alfa estaba listo para mata