El ataque a un cachorro Gambino.
En la sala de estar, Oriana no podía contener el llanto, estaba sensible por el embarazo, y lo que acababa de ocurrir en la vida de Marcelo y ella.
— Cálmate, querida, le puede afectar al bebé. Marcelo te ama, todos lo sabemos. — La reina luna intentaba tranquilizar a su amiga.
— Es que... ¡Ustedes no vieron lo hermosa que es ella, su largo cabello, destila una sensualidad que jamás había visto, y es su faraona! Quizás yo soy la intrusa aquí. Marcelo debió de haberme contado sobre ella.