El ataque a un cachorro Gambino.
En la sala de estar, Oriana no podía contener el llanto, estaba sensible por el embarazo, y lo que acababa de ocurrir en la vida de Marcelo y ella.
— Cálmate, querida, le puede afectar al bebé. Marcelo te ama, todos lo sabemos. — La reina luna intentaba tranquilizar a su amiga.
— Es que... ¡Ustedes no vieron lo hermosa que es ella, su largo cabello, destila una sensualidad que jamás había visto, y es su faraona! Quizás yo soy la intrusa aquí. Marcelo debió de haberme contado sobre ella.
Yara le alcanzaba unos pañuelos a la mujer ojiazul.
— No pienses así, tú eres bellísima, no por nada el faraón te ama tanto, mírate, pareces un hada de las flores, tienes una belleza muy especial.
La luna Loren también daba ánimos a su amiga, y es que en realidad era muy, muy hermosa, no es como que estuvieran mintiendo.
— ¿Qué voy a hacer si Marcelo decide irse con ella? Yo... Lo amo demasiado, él es mi todo, incluso he imaginado una eternidad juntos, pero esa mujer apareció dispuesta a