Un Alfa consentidor.
Esa noche cuando pasaron a una habitación a Emiliano, fué Yara quien se quedó a su lado para cuidarlo, ella se acostó en el sofá de al lado y se cubrió con una manta. Ella todavía llevaba el modesto vestido que vestían las doncellas de su manada.
Cada tanto ella se despertaba e iba a echarle un vistazo al Alfas, lo pudo observar todo lo que quiso, hasta el último detalle, la loba creía que nunca se iba a cansar de mirarlo, era tan atractivo que la hechizaba.
— ¡Yara...!
Se le escuchó a