Hijo por hijo.
El poderoso lobo hacia suya a su luna en la habitación de arriba con todo lo que eraz toda su pasión, toda su hombría lobuna, le daba a su luna todos los besos que había guardado para ella.
Recorría su frágil y blanco cuello con su humedad lengua, su femenina intimidad estaba tan caliente, y le envolvía la verga de una forma tan placentera y desquiciante que lo llevaba a sus límites.
Elizabeth no soportó más, su cuerpo se había rendido, el Alfa la estaba llevando al orgasmo más placenter