El novio no quiere ser plantado en el altar.
Un apuesto Vladimir, bien vestido como siempre, y con un abrigo elegante que lo hacía lucir como un poderoso y gallardo príncipe, se acercaba a Marina, con una taza de humeante chocolate que sostenía con sus manos enguantadas.
La Jóven de largos cabellos oscuros, se le quedó mirando por unos momentos. Ella llegó a pensar que estaba soñando. No es que durmiera mucho, pero habiendo heredado los genes de su padre, de vez en cuando podía dormir.
— Vla... Vladimir, ¿Qué es esto? ¿Estás tratand