La noche era un manto negro sobre Luz de Luna. Valeriah no había dormido en tres días. La marca en su cuello ardía como un hierro candente, y cada latido de su corazón enviaba una señal directa a Kai—ella podía sentirlo, incluso a kilómetros de distancia: su ritmo respiratorio, el olor de su piel cuando sudaba, la furia en su mente cuando alguien hablaba mal de ella.
El vínculo de mate era más fuerte de lo que ella había imaginado. No era solo una conexión emocional: era un lazo físico que