La calidez del cuerpo junto al suyo fue lo primero que Euwen notó al despertar. Un calor sutil, reconfortante, que ahuyentaba el frío de la noche y, por un instante, también el peso de la confusión que la había asaltado al acostarse. Se acurrucó instintivamente, sintiendo el aliento rítmico y cercano. El sueño había sido un refugio de formas cambiantes y voces extrañas, una nebulosa que ahora se disipaba. Abrió los ojos lentamente, la penumbra de la habitación revelando los contornos de un rost