Zane
La noche anterior a la batalla, Zane permaneció de pie en el balcón de su habitación, contemplando los territorios que había jurado proteger. La luna, casi llena, bañaba el paisaje con su luz plateada, revelando las siluetas de los árboles y las montañas que definían las fronteras de su manada. El aire frío de la madrugada le acariciaba el rostro, pero él apenas lo notaba. Su mente estaba ocupada con estrategias, planes y, sobre todo, con Luna.
Había ordenado a todos sus guerreros descansa