Luna
El amanecer se filtraba por la ventana de la habitación cuando abrí los ojos. Mi cuerpo aún dolía, pero de una manera diferente. Ya no era el dolor agudo y paralizante de días anteriores, sino más bien un recordatorio sordo de la batalla que había librado. Me incorporé lentamente, sintiendo cada músculo protestar, pero también notando una nueva fortaleza en mi interior.
Las heridas físicas estaban sanando. Los cortes profundos que habían marcado mi piel ahora eran líneas rosadas que pronto