C65-ÁTAME.
C65-ÁTAME.
Aslan se apartó bruscamente y sus ojos ya no mostraban paciencia, ni la sombra de la sumisión. Solo ardía en ellos el fuego indomable de un hombre que, habiendo tocado el fondo de la rendición, emergía con un control renovado y feroz.
Por eso, se levantó del sillón, imponente, su físico musculoso proyectando una sombra larga que la cubría por completo donde ella seguía arrodillada.
—Te voy a follar —anunció, y cada palabra cayó como un ladrillo, construyendo una promesa cargada de i