C65-ÁTAME.
C65-ÁTAME.
Aslan se apartó bruscamente y sus ojos ya no mostraban paciencia, ni la sombra de la sumisión. Solo ardía en ellos el fuego indomable de un hombre que, habiendo tocado el fondo de la rendición, emergía con un control renovado y feroz.
Por eso, se levantó del sillón, imponente, su físico musculoso proyectando una sombra larga que la cubría por completo donde ella seguía arrodillada.
—Te voy a follar —anunció, y cada palabra cayó como un ladrillo, construyendo una promesa cargada de inevitabilidad—. Como yo quiero y como sé que necesitas.
Aslan no la llevó a la cama.
En cambio la tomó allí mismo, la giró y la inclinó sobre el alto respaldo de cuero del sillón. Su mano, grande y caliente, recorrió la curva de su espalda, descendió con posesión y le agarró una nalga con fuerza, separándola para exponerla.
—Aslan... —jadeó Isabella, y en ese jadeo no había temor, sino una excitación vibrante.
No hubo más preámbulos.
Empujó, entrando en ella con una embestida profunda, posesi