ALBERTO
—Que nadie se atreva a tocar a mi novia y a decirnos qué tenemos que hacer, eso es problema de nosotros y el que nos contradiga se enfrentará a mi furia.
—En ese caso, hijo, yo me opongo férreamente, esa gata no te conviene, no es de su especie y según sabemos no hay cura para su enfermedad a menos de que la quieras volver un vampiro—, el gran Alfa intentó calmarse desabrochándose la corbata.
—¿Entonces te transformarás para golpearme de nuevo? ¡Pues ven, rompámonos los colmillos! —Albe