MARIANA
—La vida es dura, la verdad es dura, pero es mejor para endurecernos que vivir engañados flotando en un mar de mentiras; por eso hasta aquí navego; mi barco ya se hundió.
—Mi bella Mariana, la verdad no te entiendo; por favor, háblame sin rodeos, sabes que no cojo las indirectas y tampoco entiendo el sarcasmo; si quieres mejor, volvemos a entrar a la mansión y conversamos en mi cuarto.
—El que debería de hablar sin rodeos es otro; es que me consideras una estúpida.
—¿Es una pregunta o u