El Gran Alfa
El cangrejo creció sobrepasando el poco bosque que aún quedaba en pie, siguió con el crujido de sus pinzas. La única que lo entendía era la guerrera Luisa.
—Los voy a sepultar para siempre—, con sus tenazas creaba este sonido que ahora se asimilaba a los truenos y sacudía el cuerpo como luchador de sumo.
—¡Yo me encargo!—, el Alfa creció hasta su límite y no alcanzó a igualar el tamaño del crustáceo. De igual forma, cargó sobre este, mordiéndole el duro caparazón.
—¡Estúpido perro!