Simon
La lluvia de balas arruinó el mármol de las paredes, rompió cuadros de famosos pintores, y estallaron floreros de porcelana originales de la dinastía Ming. Los soldados demolieron las puertas persas; entraron con las botas sucias, destruyendo las alfombras. Nadie habló, excepto los cañones que no dejaban de escupir fuego.
—Alberto, será un honor pelear a tu lado. Y si toca morir, eso también lo será—, el doctor Gallo sintió que les disparaban dentro de la casa.
—No vamos a morir hoy, tene