El cielo estaba cubierto de nubes densas y grises, como si el día entero llevara el peso de una tormenta que se resistía a caer, la llovizna amenazaba en la distancia, apenas perceptible, como un presagio de algo por venir.
Ángel y Paola salieron del trabajo sin rumbo fijo. Caminaban por las calles de la ciudad con pasos lentos, casi mecánicos, tratando de liberar la mente de todo lo que los había abrumado últimamente.
No hablaban, el silencio entre ellos no era incómodo, s