El sol ya había comenzado a asomarse cuando Coromoto despertó en los brazos de Ángel. Su rostro, antes marcado por las lágrimas, ahora parecía más sereno, aunque el peso de la noche anterior seguía colgando sobre ella como una sombra oscura.
No recordaba cómo había llegado hasta allí, pero no se sentía capaz de enfrentarse a la realidad que la esperaba.
La casa que compartía con William, las palabras que él había dicho, la furia que había sentid. Todo se mezclaba en su mente como un torbellin