El auto avanzaba por las calles desoladas mientras Ulises observaba por la ventana cómo la figura de Eva se alejaba en el retrovisor. El silencio en la cabina del auto fue roto por uno de sus hombres que no pudo ocultar su preocupación.
— Señor, con todo respeto... ¿es seguro dejarla libre así? — preguntó el guardia — Estuvimos buscando los datos. Esa mujer no solo es una ratera común. La droga que ella solía distribuir en los barrios bajos formaba parte de aquel cargamento que nos robaron hace meses. Ella estuvo involucrada en el movimiento de nuestra mercancía.
Ulises permaneció en silencio unos segundos, procesando la información con una calma inquietante.
— Precisamente por eso la dejo — respondió Ulises sin mostrar mayor interés — Eva no tiene raíces profundas en este negocio ni conexiones fuertes con ninguna organización. Es una pieza suelta que probablemente aceptó distribuir eso por dinero rápido desesperada por las cuentas de ese hospital.
Se giró hacia su hombre, con una mir