La música se desvaneció entre aplausos educados y murmullos muy sutiles.
Eva, con el rostro encendido en rubor por el esfuerzo y la confusión soltó un suspiro de alivio al detenerse. Había logrado sobrevivir a la pista sin romperle los dedos de los pies a Ulises y, por un segundo, sintió que podía empezar a escanear a los invitados. Su mirada recorrió a un par de socios que bebían whisky cerca de los ventanales, tratando de descifrar quién la miraba con sospecha y quién con envidia.
Estaba conc