87.
El aire en el despacho de mi abogado era tan denso que costaba respirar. Yo acababa de llegar pero la noticia que me esperaba allí incluso antes de poder decir nada era un balde de agua helada que me devolvió a la realidad más cruda.
— No es posible — dije sintiendo que el suelo se movía bajo mis pies mientras leía el documento que mi abogado me extendía — ¿Desvío de fondos? ¿Mis propios padres?
— Así es, Ámber — respondió mi abogado con un tono de profunda preocupación — Han presentado una con