34.
Isabela regresó a la mansión de sus padres cerca de la medianoche. Entró por la puerta de servicio, moviéndose con la cojera exagerada que había ensayado a la perfección. Llevaba una bolsa grande de una boutique de lujo. La silla de ruedas estaba escondida detrás de la puerta, así que fácilmente pudo sentarse y re-acomodarse el yeso y demás.
Su madre, que aún estaba despierta, la interceptó en el pasillo lateral que conducía a las escaleras. Su rostro se crispó de preocupación y reproche.
— ¡Is