En cuanto llegó Jai, todos se le quedaron mirando, sin entender nada. El joven de pelo castaño ligeramente desordenado que le caía en mechones sobre la frente tenía unos ojos profundos y pensativos, y podía ver la melancolía en ellos. Su piel pálida contrastaba con la ligera estela de barba que perfilaba su rostro, dándole un aire de madurez.
Caminaba hacia nosotros como quien carga con el peso de un secreto, pero con determinación, confianza y humildad.
Se detuvo y me miró fijamente, tragando