- No, no necesito que te vayas... Sé que lo has superado... ¿Estoy en lo cierto?
- Sí... Me ayudaste a superarlo. - Me agarró por los hombros, con una voz suave y apacible que no recordaba haber oído antes.
- ¡Dime que me quieres! - Le pregunté.
Se rió:
- Pero... Ya te lo he dicho.
- Por favor... Es importante para mí.
- I... te quiero. Te quiero.
- Ahora sin dudarlo.
- Te quiero. - Se rió.
- ¿Te ha dolido?
- ¡No!", confesó, "¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero!
- ¡No se desintegró! - bromeé.
-