La ciudad avanzaba con la lentitud habitual de la hora punta, envuelta bajo un cielo gris que amenazaba con romper en cualquier momento. Desde el asiento trasero del auto de la empresa observaba cómo los edificios y las luces se deslizaban al otro lado de la ventanilla mientras regresábamos a casa. Mantenía las manos entrelazadas sobre las rodillas, intentando despejar la mente, pero había una idea que seguía ocupando cada espacio de mis pensamientos. Las cajas ocultas en el sótano de la mansió