El sonido de la cerradura al cerrarse por dentro dejó atrás todo lo que habíamos vivido en la mansión de Maximilian. Nuestro dormitorio apareció frente a nosotros como el único lugar donde Sebastian parecía permitirse bajar la guardia. La calma de nuestra casa contrastaba con la inquietud que todavía llevaba encima. Se quitó el saco del traje y lo dejó sobre una silla sin cuidado antes de comenzar a caminar por la habitación, pasando una mano por su cabello mientras intentaba recuperar una sere