Sostenía la cinta entre mis manos cuando el sonido de unos pasos descendiendo por la escalera de servicio me dejó completamente inmóvil. Un segundo después, la voz de la señora Higgins resonó por el sótano, buscándome. Reaccioné sin pensarlo. Deslicé la cinta en el fondo de mi cartera, cerré la cremallera y limpié el polvo de mis manos antes de abandonar el corredor. Subí las escaleras conteniendo la respiración, obligándome a mantener un paso firme mientras intentaba llegar a la biblioteca ant