El beso no hizo más que intensificarse. Todo el autocontrol que Sebastian había sostenido durante semanas terminó de derrumbarse entre nuestros labios. Lo rodeé por el cuello, aferrándome a él mientras respondía con la misma necesidad que llevaba demasiado tiempo intentando ocultar.
Sin apartarse de mí, me levantó con facilidad hasta apoyarme contra la puerta de madera. Sus manos recorrieron mi cintura con una firmeza que me hizo contener el aliento, estrechándome aún más contra su cuerpo mient