CAPÍTULO 64: GUARDIAS Y MAREOS
Elena
Paso la semana en modo centinela. El cuerpo se me pone en automático, siempre llego a la puerta del colegio veinte, treinta o incluso una hora antes. A veces Teresa se acerca, me trae un café; otras veces se queda en casa adelantando algo de comida. Yo espero ver primero a mis hijos. Hasta que no los veo salir entre la multitud, con sus pasos chiquitos y las mochilas rebotando, no respiro.
Entre idas y vueltas, el trabajo me sostiene. En la pastelería, la ba