CAPÍTULO 46: EL ALIVIO MERECIDO
Elena
El aire todavía huele a azúcar glas y crema batida cuando salgo de la entrevista. Camino con pasos que no parecen míos, ligeros, casi despreocupados, como si cada músculo de mi cuerpo hubiera decidido al fin soltar la tensión que me acompañó durante años. No me lo esperaba. De hecho, entré a esa pastelería con el estómago encogido, convencida de que me mirarían con la condescendencia de siempre, que encontrarían un defecto en mis acabados o que juzgarían mi