Isabella
—Hogar dulce hogar…
Las palabras salieron de mis labios como un susurro gastado, mientras la llave giraba con un chirrido metálico en la cerradura. Eran pasadas las dos de la madrugada, y el cansancio pesaba en mis huesos como plomo. Al empujar la puerta, el aire frío me golpeó de inmediato. La ventana estaba abierta. Nunca la dejaba abierta, una regla que tenía desde que comenzamos a vivir fuera de las casa de acogida.
El corazón se me encogió. Antes de que pudiera reaccionar, u