—Lo siento. Esas dos palabras son tan... insignificantes para todo el daño que te causé. A ti. A Owen. A nosotros. Pero es por donde tengo que empezar. —Traga saliva con dificultad—. Te amo, Isabella. Te amo con una fuerza que a veces me aterra. Y ese... ese ha sido el problema todo el tiempo. El miedo.
Da un paso vacilante hacia ella, pero no se atreve a tocarla
— En el accidente... cuando el cristal se hizo añicos y el metal chirrió... lo único que pasó por mi mente, lo último que pensé, fue: