—Hola. — Isabella sonrió con dulzura al abrir la puerta, vestida únicamente con la camisa de Jacob. La mujer frente a ella era exactamente como se la había imaginado: impresionante. Senos perfectos, caderas curvilíneas y unos ojos azules que ahora se abrían aún más al escrutinarla de arriba abajo.
—Lo siento, estoy buscando a...
—Jacob, ¿cierto? Pasa, por favor. Se está vistiendo. —Isabella abrió la puerta con naturalidad, como si recibir a una desconocida en camisa fuera lo más normal del mu