Marina
Me he acostado con Salvador.
La realidad de lo que ha pasado, de lo que he hecho es tan grande y tan pesada que siento que me mareo y como si eso no fuera poco, cuándo le he preguntado dónde nos dea esto, él… él me ha sonreído de esa manera que me hace temblar y como si hablara del clima ha respondido:
—Nos deja dónde sea que queramos estar.
Y eso, eso Dios bendito me tiene con la cabeza hecha un lío, porque no tengo ni idea de dónde quiero estar o tal vez sí lo sé, pero estoy aterrada de