Marina
Las palabras de Fedrico están repitiendose en mi mente como un mantra mientras lo veo.
Él va a ayudarme, va a encontrar a Daniel.
Ni siquiera lo pienso antes de abrazarlo con fuerza, o intentarlo ya que dentro de un auto es incomodo, cuándo me alejo lo miro a los ojos y trato de proyectar todo mi agradecimiento cuándo le digo:
—Gracias.
Las lágrimas me corren por las mejillas sin que pueda detenerlas. No sé si confiar en él es un error, pero es lo único que tengo.
Él me mira fijamente.
—¿