Capítulo 24
Al caer la noche de ese día la cena en casa de Magnus transcurría en un silencio casi ritual. La mesa estaba iluminada por una lámpara cálida, los cubiertos tintineaban suavemente y el aroma de la comida recién servida llenaba el ambiente. María, siempre contenta, cortaba con calma un trozo de carne, mientras observaba a su hijo con ese aire maternal que no perdía ni con el paso de los años. No tampoco porque su vida y estatus habían cambiado mucho gracias a Magnus. Ella seguía sie