Capítulo 23
El pasillo estaba desierto, silencioso, casi cómplice del momento. Roma había salido del ascensor con la sangre hirviéndole por la rabia, la frustración y esa mezcla peligrosa de deseo que siempre le provocaba Magnus. Ella estaba a un paso de entrar en su oficina, cuando de pronto sintió unos dedos fuertes enredarse en su cabello y tirarla hacia atrás sin darle tiempo a reaccionar.
— ¿Qué demonios…? — alcanzó a decir, pero la frase murió cuando su cuerpo chocó con el de él.
Magnus