Capítulo 44
El sol llegó al horizonte primero que la conciencia, acariciando el rostro de Roma con un calor tibio que la obligó a mover las pestañas para poder adaptarse a la luz. Cuando por fin ella pudo abrir los ojos, tuvo que parpadear dos veces para poder entender su actual situación: estaba desnuda, enredada entre las sábanas de su cama, con el cuerpo rendido… y con Magnus pegado a su espalda, abrazándola como si fuera un animal enorme, posesivo, instalado ahí desde siempre.
El aire atra