Capítulo 6
El rugido del motor se apagó lentamente cuando Roma estacionó el coche en lo alto de una colina, con un mirador inmenso. Frente a ellos, la ciudad parecía un mar de estrellas encendidas, parpadeando bajo la tranquilidad de noche. El silencio se extendió en el interior del vehículo, tan pesado que Magnus sintió que podía oír el pulso acelerado de su propio corazón. Sentía que aún aquel auto seguía en movimiento, agarrando curvas interminables que los harían chocar en cualquier moment