Capítulo 7
El silencio de la madrugada se quebraba únicamente por el canto lejano de algún ave madrugadora y el ocasional rugido de un motor perdido en las calles vacías bajo la colonia. Dentro del auto estacionado al borde de una avenida secundaria, la atmósfera era distinta. Esta estaba cargada aún del calor de la pasión desatada, impregnada de un perfume que ni el tiempo ni el aire podían disipar con facilidad.
Roma no sabía si había dormido realmente o si simplemente había caído en un tran