Capítulo 14
El salón todavía resplandecía con las luces de araña, aunque la música se había vuelto más lenta y los invitados comenzaban a dispersarse entre murmullos, copas vacías y risas apagadas. Roma se mantenía erguida en su papel de mujer distante, con los labios pintados en un rojo perfecto que ocultaba cualquier grieta de debilidad. Había soportado horas de miradas, conversaciones y sonrisas falsas, pero lo que verdaderamente la había perturbado toda la noche era la forma en que Magnus