Entonces... ardamos en el intento
Después de la conversación con Ricky y un baño caliente para eliminar la tensión muscular y los restos de cloro, salí de casa a buscar a Felicia. Ese miedo en mi interior me susurraba que cometía un error.
Eran cerca de las diez de la noche cuando aparqué en el Hotel Mónica, lugar que albergaba su suite y donde también pasé muchas veladas con mi bomboncito. No había pisado ese sitio en años, hasta aquella noche en que fui por Felicia para la gala. Lucía exquisita con ese vestido rojo: tan ceñid